Pasamos la vida creyendo que tenemos el control sobre el stik analógico. La realidad es que el motor gráfico decide qué ignorar y qué inventar según su propio framerate. Un frametime inestable genera entradas phantom que nunca pasaron por tus dedos. Es una especie de inconsciente digital donde la máquina actúa por inercia mientras tú celebras una victoria que técnicamente ejecutó el buffer. La ilusión de la agencia humana cae en el instante en que analizaz un log de desincronización.